Historia

Las Órdenes militares españolas son un conjunto de instituciones religioso-militares que surgieron en el contexto de la Reconquista, las más importantes surgidas en el siglo XII en las Coronas de León y de Castilla (Orden de Santiago, Orden de Alcántara y Orden de Calatrava) y en el siglo XIV en la Corona de Aragón (Orden de Montesa); precedidas por muchas otras que no han perdurado, como las Militia Christi aragonesas de Alfonso I el Batallador, la Cofradía de Belchite (fundada en 1122) o la orden de Monreal (creada en 1124), que tras ser reformadas por Alfonso VII de León tomaron el nombre de Cesaraugustana y en 1149, con Ramón Berenguer IV, se integran en la Orden del Temple.

En 1174 se crea en el Reino de Aragón la Orden de Monte Gaudio, por Rodrigo Álvarez III Conde de Sarria, tras la donación del castillo de Alfambra y su señorío por Alfonso II el Casto.1? La portuguesa Orden de Avis respondía a idénticas circunstancias, en el restante reino cristiano peninsular.

Durante la Edad Media, al igual que en otros lugares de la cristiandad, en la península ibérica aparecieron órdenes militares autóctonas, que, si bien compartían muchas similitudes con otras órdenes internacionales, también presentaban peculiaridades propias, debido a las especiales circunstancias históricas peninsulares marcadas por el enfrentamiento entre musulmanes y cristianos.

El nacimiento y expansión de estas órdenes autóctonas se produjo fundamentalmente en la fase de la Reconquista en que se ocuparon los territorios al sur del Ebro y del Tajo, por lo que su presencia en esas zonas de la Mancha, Extremadura y el Sistema Ibérico (Campo de Calatrava, Maestrazgo, etc.) vino a marcar la característica principal de la repoblación, en grandes extensiones en las que cada Orden, a través de sus encomiendas, ejercía un papel político y económico similar al del señorío feudal. La presencia de otras órdenes militares foráneas, como la del Temple o la de San Juan fue simultánea, y en el caso de los caballeros templarios, su supresión en el siglo XIV benefició significativamente a las españolas.

La implantación social de las órdenes militares entre las familias nobles fue muy significativa, extendiéndose incluso a través de órdenes femeninas vinculadas (Comendadoras de Santiago y otras similares).

Después del turbulento periodo de la crisis bajomedieval, en que el cargo de Gran Maestre de las órdenes era objeto de violentas disputas entre la aristocracia, la monarquía y los validos (infantes de Aragón, Álvaro de Luna, etc.); Fernando el Católico, a finales del siglo XV consiguió neutralizarlas políticamente al obtener la concesión papal de la unificación en su persona de ese cargo para todas ellas, y su sucesión conjunta para sus herederos. La incorporación definitiva de las órdenes a los reyes de la Monarquía Hispánica se consiguió en 1523, bajo Carlos I. La Corona las administraba a través del Consejo de Órdenes.

Perdida paulatinamente toda función militar a lo largo del Antiguo Régimen, la riqueza territorial de las órdenes militares fue objeto de desamortización en el siglo XIX, quedando reducidas éstas a partir de entonces a la función social de representar, como cargos honoríficos, un aspecto de la condición nobiliaria.2?

Nacimiento y evolución

Escenas de la Reconquista por las Órdenes Militares. Monasterio de Uclés, Cuenca

Aunque la aparición de las órdenes militares hispánicas puede interpretarse como pura imitación de las internacionales surgidas a raíz de las cruzadas, tanto su nacimiento como su posterior evolución presentan rasgos diferenciales, pues jugaron un papel de primer orden en la lucha de los reinos cristianos contra los musulmanes, en la repoblación de extensos territorios, especialmente entre el Tajo y el Guadalquivir, y se convirtieron en una fuerza política y económica de primera magnitud, teniendo además gran protagonismo en las luchas nobiliarias habidas entre los siglos XIII a XV, cuando finalmente los Reyes Católicos lograron hacerse con su control.

Para los arabistas, el nacimiento de las órdenes militares españolas estuvo inspirado en los ribat musulmanes, pero otros autores opinan que su aparición fue fruto de un proceso de fusión de hermandades y milicias concejiles teñidas de religiosidad que, mediante absorción y concentración, dieron lugar a las grandes órdenes en un momento en que la lucha contra el poderío almohade requería de todos los esfuerzos posibles por parte del lado cristiano.

Tradicionalmente se admite que la primera en aparecer fue la de Orden de Calatrava, nacida en esa villa del reino castellano en 1158, seguida de la de Orden de Santiago, surgida en la ciudad de Cáceres, en el reino leonés, en 1170. Seis años después se creó la Orden de Alcántara, en principio denominada de San Julián del Pereiro. La última en aparecer fue la Orden de Montesa que lo hizo más tardíamente, durante el siglo XIV, en la Corona de Aragón debido a la disolución de la Orden del Temple.

Organización jerárquica

A imitación de las órdenes internacionales, las españolas adoptaron su organización. El maestre fue la máxima autoridad de la orden, con un poder casi absoluto, tanto en lo militar, como en lo político o en lo religioso. Era elegido por el consejo, compuesto por trece frailes, de donde les viene a sus componentes el nombre de «Treces». El cargo de maestre es vitalicio y a su muerte los Trece, convocados por el prior mayor de la orden, eligen al nuevo. Cabe la destitución del maestre por incapacidad o por conducta perniciosa para la orden. Para llevarla a cabo se necesita el acuerdo de sus órganos superiores: consejo de los trece, «prior mayor» y «convento mayor».

El capítulo general es una especie de asamblea representativa que controla toda la orden. Lo forman los trece, los priores de todos los conventos y todos los comendadores. Se debe reunir anualmente un día determinado en el convento mayor, aunque en la práctica estas reuniones se celebraron donde y cuando el maestre quiso.

En cada reino existió un «comendador mayor», con sede en una localidad o fortaleza. Los priores de cada convento eran elegidos por los canónigos, pues hay que tener en cuenta que dentro de las órdenes existían freyles milites (caballeros) y freyles clérigos, monjes profesos que instruían y administraban los sacramentos.

Organización territorial

Territorios de las órdenes militares de los reinos ibéricos hacia finales del siglo XV:      Orden de Montesa      Orden de Santiago      Orden de Calatrava      Orden de San Juan (Castilla)      Orden de Alcántara      Orden de Christo      Orden de Santiago de la Espada      Orden de Avis      Orden de San Juan (Portugal) Residencia del Gran Maestre

 

Dado su doble carácter de instituciones militares y religiosas, en lo territorial las órdenes desarrollan una doble organización separada para cada una de estas esferas, aunque a veces no totalmente desligadas.

En lo político-militar se dividían en «encomiendas mayores», existiendo una encomienda mayor por cada reino peninsular en el que estuviera presente la orden en cuestión. Al frente de ellas estaba el comendador mayor. Le seguían las encomiendas, que eran un conjunto de bienes, no siempre territoriales ni agrupados, pero que generalmente constituían demarcaciones territoriales. Las encomiendas eran administradas por un comendador. Las fortalezas, que por cualquier tipo de causa no estaban bajo el mando del comendador, tenían a su frente un alcaide nombrado por aquel.

En lo religioso se organizaban por conventos, existiendo un convento mayor, que constituía la sede de la orden. En el caso de la orden de Santiago estuvo radicado en Uclés, tras las desavenencias de la orden con el monarcas leonés Fernando II. La orden de Alcántara lo tuvo en la villa cacereña que le dio nombre.

Los conventos no eran sólo lugares donde vivían los monjes profesos, sino que constituían prioratos, demarcaciones territoriales religiosas donde los respectivos priores con el tiempo tuvieron las mismas atribuciones que los obispados, resultando que las órdenes militares se sustrajeron al poder episcopal en extensos territorios.

El ejército

El mando del ejército lo ejercían las más altas dignidades de cada orden. En la cúspide se hallaba el maestre, seguido de los comendadores mayores. La figura del alférez fue destacada en un principio, pero en la Baja Edad Media había desaparecido. El mando de las fortalezas estaba en manos del comendador o de un alcaide nombrado por él.

El reclutamiento se solía hacer por encomiendas, contribuyendo presumiblemente cada una de ellas con un número de lanzas u hombres relacionado con el valor económico de la demarcación.

Hay que destacar la sorprendente belicosidad de las órdenes y su rigurosa promesa de combatir al infiel, lo que en muchos casos se manifestó en la continuación de auténticas «guerras privadas» contra los musulmanes cuando, por diversas causas, los reyes cristianos abandonaron la lucha, debido a la firma de treguas o bien por dirigir sus acciones bélicas en otros sentidos, como cuando Fernando III, coronado rey de León, abandonó los intereses de este reino para dedicarse a la conquista de Andalucía en beneficio de la Corona de Castilla.

Repoblación y política social

El papel militar jugado por las órdenes militares fue muy importante pero además carácter repoblador, económico y social. Porque no bastaba con arrebatar territorios al enemigo si éstos no se poblaban suficientemente como para ocuparlos y administrarlos, facilitando así su defensa.

Las órdenes recibieron grandes extensiones de terreno, cuya repoblación les reportó gran poder político y económico. Para atraer pobladores a las tierras adquiridas, utilizaron métodos similares a los usados por otras instituciones. Uno de ellos consistía en otorgar fueros a las villas de su jurisdicción que las hicieran atractivas a gentes del norte. En general se copiaron los modelos de fueros más generosos, como el de Cáceres o el de Sepúlveda. Un ejemplo de esta generosidad fue el de las exenciones fiscales por nupcialidad, tomadas del fuero de Usagre.

Por otra parte, unas tierras improductivas resultaban inútiles, por lo que se preocuparon de su desarrollo económico. En este sentido, y además de las ventajas dadas a los nuevos pobladores, como las donaciones de baldíos, se consiguieron ferias para sus villas o se realizaron importantes obras de infraestructura en la red de comunicaciones. Las ferias tenían la ventaja de estar libres de impuestos, lo que fomentaba el comercio, que también era impulsado por la mejora de comunicaciones (puentes, caminos, etc.).

Relaciones con otras instituciones

Las relaciones de las órdenes militares hispánicas con otros poderes e instituciones fueron diversas. En general gozaron del apoyo papal, pues constituían una base sólida para la reconquista y dependían directamente de su autoridad. Los papas otorgaron atribuciones episcopales a los priores de las órdenes en su pugna con los obispos, lo que les dio una gran independencia.

En cuanto a la relación con los reyes, siguió varias etapas. Al principio los monarcas impulsaron las Órdenes porque llegaron a considerarlas el «florón más preciado» de sus coronas. Conscientes de sus enormes posibilidades en la tarea reconquistadora, y repobladora después, los reyes las fomentaron e introdujeron en sus respectivos reinos. Como ocurrió con Alfonso I el Batallador, cuando en 1122 fundó la hermandad de Belchite, o con Alfonso VIII de Castilla y Alfonso IX de León, quienes ofrecieron posesiones a las órdenes de Santiago y Calatrava, respectivamente, para atraérselas a sus reinos. Aunque las donaciones reales en su mayor parte estuvieron constituidas por territorios, para hacerlas eficaces en la lucha contra los musulmanes, también recibieron de los monarcas otro tipo de donaciones de carácter no estrictamente militar o político, tales como las motivadas por razones de caridad, merced, hospitalidad o amistad. A menudo el favor de los reyes también se manifestó en los numerosos pleitos que se plantearon con otros poderes, en los que generalmente los monarcas fallaron a favor de las órdenes. Los privilegios tributarios o de otro tipo fueron igualmente frecuentes, lo que a veces ocasionó la irritación de los concejos de realengo, cuyos vecinos tributaban en mayor medida.

A cambio del favor real, las órdenes llevaban a cabo las misiones que tenían encomendadas y eran leales a los monarcas, en cuyo bando se situaron desde que a finales del siglo XIII las disputas nobiliarias se hicieron tan frecuentes. A partir de entonces, los reyes tomaron consciencia del enorme poder de las órdenes y del peligro que podía suponer el tenerlas en contra, de ahí que con Alfonso XI comenzase una pugna por conseguir su control, a través de la designación del maestre. Esta pugna continuó a lo largo de toda la Baja Edad Media hasta la consecución absoluta de los propósitos regios por parte de los Reyes Católicos, quienes lograron ostentar el maestrazgo de todas ellas a perpetuidad. Con sus descendientes este maestrazgo se convirtió en hereditario.

Más problemática resultó la relación con los concejos de realengo (los municipios en territorio regio), sobre todo con aquellos dotados de extensos dominios de difícil control y ocupación. A menudo sufrieron la depredación de zonas despobladas por parte de las órdenes, hasta que los reyes pusieron fin a las usurpaciones, aunque a partir del siglo XIV estos concejos sufrieron la misma depredación por parte de señores laicos. También hubo pleitos con los colindantes, a veces prolongados e incluso tan vehementes que llegaron a producir enfrentamientos físicos.

Igualmente diversa resultó la relación con el resto del clero. El concurso de éste fue fundamental para la configuración de las órdenes, como ocurrió con el apoyo del arzobispo de Santiago de Compostela respecto de la orden santiaguista o con el obispo de Salamanca respecto de la de Alcántara. Pero más adelante hubo de todo, desde piadosas donaciones a pleitos y refriegas interminables, e incluso algún hecho de armas, como el ataque a los obispos de Cuenca y Sigüenza por parte del comendador santiaguista de Uclés. Y es que las tensiones con los obispos fueron frecuentes en la lucha por la jurisdicción eclesiástica, a la que se sustrajeron los priores, quienes recibieron finalmente el apoyo papal.

La hermandad y coordinación fueron las actitudes dominantes en las relaciones entre órdenes. Calatrava y Alcántara estaban unidas por relaciones de filiación, sin que ello supusiera falta de autonomía de Alcántara. Hubo pactos entre órdenes de ayuda mutua y reparto de lo conquistado. Incluso acuerdos, como el tripartito de amistad, defensa mutua, coordinación y centralización firmado en 1313 por la de Santiago, Calatrava y Alcántara.

Siglo XX

Las Órdenes militares quedaron disueltas por Decreto de 29 de abril de 1931 del gobierno republicano. Las protestas del Cardenal Segura motivaron un segundo Decreto, de 5 de agosto de 1931, que aplicaba a las Órdenes lo dispuesto para las Maestranzas, quedando sometidas a la Ley de asociaciones. La Ley de 16 de septiembre otorgó fuerza de ley, con carácter retroactivo, a estas disposiciones. El balance de caballeros de 1931 a 1935 es el siguiente:

* Orden militar de Santiago, 68 de 116.

* Orden militar de Calatrava, 89 de 139.

* Orden militar de Alcántara, 19 de 42.

* Orden militar de Montesa, 51 de 70.

Durante la Guerra Civil Española el bando republicano saqueó su sede e incautó su biblioteca, pasando sus fondos a la Biblioteca Nacional. Se habla de más de cien muertos entre sus miembros, además del Obispo-Prior de las Órdenes, Narciso de Esténaga.

Tras la contienda, las órdenes reanudan sus actividades y el cruzamiento de caballeros nombrados por Alfonso XIII con anterioridad al 14 de abril de 1931 y que no habían podido tomar posesión tras la proclamación de la República. La Biblioteca Nacional restituyó sus fondos, que fueron depositados en el Convento de las Comendadoras de Santiago, en Madrid. Sendos Convenios de 1941 y 1946 con el Gobierno franquista procuran restablecer la normalidad. No obstante, la relación con las órdenes fue bastante ambigua, si bien eran invitadas a actos institucionales no eran instituciones del Estado. Además, con el fallecimiento de Alfonso XIII en 1941, las órdenes quedaban privadas de una cabeza que procediera a nombrar nuevos caballeros. Cabía la posibilidad de que el Obispo-Prior, con dispensa papal, cumpliera esta función, pero para ello tenía que ser caballero de alguna de las órdenes. Franco, haciendo valer su Derecho de presentación de los candidatos a obispos, no permitió que un caballero fuera nombrado Obispo-Prior, si bien incluyó alguno como candidato en las ternas.

El Concordato de 1953 con la Santa Sede no introduce ningún régimen particular, manteniendo la existencia del Priorato con sede en Ciudad Real.

Los Acuerdos entre el Estado español y la Santa Sede de 1979 crea la actual Diócesis de Ciudad Real como sufragánea de la Archidiócesis de Toledo, si bien su obispo sigue ostentando la condición de Prior de las Órdenes. Pasan a ser organizaciones nobiliarias, honoríficas y religiosas, hasta la actualidad.

La restauración de la monarquía hace que Don Juan de Borbón sea nombrado en 1981 Presidente del Real Consejo, siendo Juan Carlos I Gran Maestre. En la primera reunión, celebrada el 14 de octubre de 1981, sólo quedaban quince miembros, todos nombrados con anterioridad a 1931.

Tras el fallecimiento Don Juan de Borbón en 1993, Carlos de Borbón-Dos Sicilias ocupó el puesto de Presidente hasta su fallecimiento en 2015. En la actualidad es desempeñado por Pedro de Borbón-Dos Sicilias y Orleans. El cargo de Gran Maestre pasó a Felipe VI tras su proclamación como Rey de España en 2014, pasando a ser Juan Carlos I Gran Maestre emérito.

Entre la Realidad y la Leyenda

 Que a partir de 1960 cuando la opinión pública francesa se hizo eco de la existencia de una sociedad semi-secreta  autodenominada Priorato de Sión.  Desde esa fecha se han publicado sus estatutos y material procedente de las más diversas fuentes, no siempre contrastables,  lo que implica andar con pies de plomo alrededor de todo lo que rodea a dicha organización.   Entre sus presuntos afiliados nos encontramos con nombres como Leonardo da Vinci, Víctor Hugo o Isaac Newton, entre  otros más o menos conocidos. Es decir, que de ser ciertas las pretensiones del priorato, habría albergado en sus filas como  grandes maestres a algunas de las mayores luminarias de la historia occidental, así como a miembros de las principales  familias reales y aristocráticas de Europa.  Aunque parece indudable la existencia actual de la organización, así como la de una antigua Orden de Sión en la época de las  Cruzadas, el caso de una continuidad entre ambas a través de los siglos no está tan claro. Cuentan las crónicas que en el año  1099, tras la conquista de Jerusalén, el gobernante de la ciudad Godofredo de Bouillon fundó una misteriosa Orden sobre la  abadía de Notre Dame du Mont Sión, de la que poco se sabe.  Resultado de imagen de Priorato de Sion y los Templarios. Sería más tarde dicha sociedad la que impulsaría la creación de  la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, más conocidos como Templarios. Si hacemos caso a los textos procedentes del  Priorato, la Orden de Sión tendría en la época de su fundación un poder considerable, eso sí, siempre entre bastidores,  llegando incluso a afirmar que los reyes de la ciudad santa debían su trono a esta enigmática sociedad. Así pues, ellos serían  los verdaderos artífices de la extraordinaria progresión que experimentaron los Templarios en los años siguientes,  obedeciendo todo ello a un plan previamente establecido.   De acuerdo con estas fuentes, al menos cinco de los nueve fundadores del Temple pertenecían a su vez a la Orden de Sión, y  se podría decir que en principio el Temple era el brazo armado de la anterior o incluso que ambas órdenes eran una sola,  puesto que según parece compartían el mismo Maestre.  Sería el caso de André de Montbard, uno de los caballeros originarios de la orden templaria y que llegaría a ser el máximo  dirigente de la misma. Pero el tío de San Bernardo consta asimismo como miembro de Sión, con lo que podemos hacernos  una idea del hermanamiento entre ambas. Esta situación de confraternidad se prolongaría durante aproximadamente unos  sesenta años, hasta que en 1188, un año después de la caída de Jerusalén en manos musulmanas, se produjo un cisma entre  las dos órdenes que produjo su separación definitiva.  Según el Priorato de Sión, de la pérdida de Tierra Santa sería en gran parte culpable la Orden del Temple, y Godofredo de  Bouillon concretamente su Maestre Gérard de Ridefort, a los que los documentos “prioré” acusan de traición. Éste arrastró  a los Templarios a combatir en la batalla de los Cuernos de Hattin, que significó un autentico desastre para los cruzados y  propició la caída de Jerusalén.   La situación derivaría en que la Orden de Sión se trasladaría a Francia, abandonando a los Templarios a su suerte, sus  pupilos y protegidos hasta la fecha. La ruptura de relaciones se simbolizó mediante la tala de un olmo de ochocientos años, en  la ciudad de Gisors. A partir de ese momento, la Orden de Sión cambió su nombre por el de Priorato y se dedicó a sus  propios objetivos. Pero… ¿de qué objetivos se trataba? Supuestamente, la misión del Priorato consistiría en proteger un  gran secreto relacionado con los descendientesde la dinastía de los reyes merovingios y restaurar en la monarquía de Francia  a uno de sus miembros. Su legítima descendencia, que se cree extinguida, habría sido demostrada por unos pergaminos  descubiertos en el pueblecito francés de Rennes-le-Château. Este descubrimiento, que constituye en si mismo un complejo  enigma, lo trataremos ampliamente en una leyenda posterior.   Resultado de imagen de Priorato de Sion y los Templarios  Para seguir conociendo al Temple, debemos profundizar ahora en la intrigante misión que se ha impuesto el Priorato de  Sión.  2.- La Sangre Real: La Custodia de un Secreto  El comportamiento del Priorato de Sión, por lo que deja entrever en sus publicaciones, parece obedecer a un calendario  cuidadosamente preciso y planificado desde hace largo tiempo. Dan a entender que son los custodios de un secreto de  importancia capital, del que tendrían pruebas irrefutables. Se trataría de algo que los hace sumamente especiales y que reviste  su misión de un halo de atrayente misticismo. Hay tradiciones que dan gran importancia a María Magdalena, de quien se  nos dice que tras la crucifixión de Jesús llega a las Galias escoltada por José de Arimatea y portando el Santo Grial.  Según lo que podemos extraer de la concepción del Priorato, María Magdalena sería la esposa de Jesús, y cuando viajó lo  hizo embarazada o acompañada de su progenie. Naturalmente aquí el término “Santo Grial” debe comprenderse en el sentido  de Santa Sangre, es decir, como la descendencia física de Jesús, que se trasladó a las Galias y se continuó allí.   La Iglesia omite toda mención en su propia tradición del Santo Grial pues, lógicamente, no le conviene. Es la lucha que  hasta hoy subsistiría entre los herederos de Pedro y los de María Magdalena, los herederos de la fe y los herederos de la  Sangre. Una vez en la actual Francia, este linaje judío se unió matrimonialmente con el de los reyes francos, dando lugar a  los merovingios. Alrededor del año 500 d.c., con el bautismo y conversión del rey Clodoveo, la Iglesia Romana se instauró  como suprema autoridad espiritual de Occidente. Se podría decir que fue un pacto entre Roma y los merovingios, originando  una alianza que debería engendrar un nuevo sacro imperio romano.   Pero parece que la lealtad de los francos a la Iglesia no era muy intensa, ya que los merovingios seguían manteniendo  simpatías por la religión arriana que practicaban antes de su conversión al cristianismo. Doscientos años después, el rey  merovingio Dagoberto II fue asesinado junto con su familia por encargo de su propio mayordomo de palacio, Pepino de  Heristal. La Iglesia , viendo peligrar su hegemonía, habría apoyado la conspiración. Con la muerte de Dagoberto y sus  descendientes la dinastía merovingia llegó a su fin, y comenzó la de los mayordomos de palacio: los carolingios, que contaban  con el apoyo eclesiástico.   Éstos, que eran a fin de cuentas unos usurpadores, trataron de legitimarse casándose con princesas merovingias y  continuaron con su reinado. Con Carlomagno llegaron a abarcar un imperio que se extendía por la totalidad de la Europa  occidental y lo gobernaban al servicio de Roma. Pero podría ser que la dinastía merovingia no se extinguiese con Dagoberto  II. Según afirma el Priorato de Sión, los merovingios, la estirpe de Jesús, sobrevivieron a través de un hijo de Dagoberto  que se habría salvado del asesinato de su familia. Se llamaba Sigisberto IV, y entre sus descendientes estaría más tarde  Godofredo de Bouillon. Sabemos por los Evangelios que Jesús era de sangre real y de la estirpe de David. Es decir, Jesús  era el heredero legítimo del trono de Jerusalén.   Sus más incondicionales seguidores eran los nacionalistas celotes, unos fanáticos integristas que aspiraban a expulsar al  Cráneo de Dagoberto gobierno títere prorromano e reinstaurar el verdadero linaje real. En las Cruzadas, con la conquista de  Jerusalén y la coronación de Godofredo de Bouillon, un heredero de Jesús recuperó su patrimonio legítimo volviendo a ser  rey de la Santa Ciudad. Es posible que dada la hegemonía de la Iglesia en la época, Godofredo nunca pudiera reivindicar  como quisiera su linaje y su derecho. A fin de cuentas, Roma estaría detrás de la traición a su familia y aunque no sabemos si  la Iglesia estaba al tanto o no del linaje del nuevo rey, una revelación pública podría haber sido muy peligrosa. Godofredo  habría entonces, para proteger el secreto de ese linaje sagrado, creado la Orden de Sión y su brazo armado, la Orden del  Temple. Curiosamente, las leyendas griálicas que surgieron en la Edad Media , presentan a los Templarios como los custodios del  Santo Grial. Así pues, el Santo Grial sí sería el portador de la sangre de Cristo, pero no en el sentido simbólico de un  recipiente, sino de su descendencia: los portadores de su sangre. Y este sería el gran secreto del Priorato de Sión. Secreto  compartido también por los Caballeros del Temple. Ahora se entiende porque los Templarios asociaron el culto de la Diosa  Madre a la Magdalena (ver leyenda “El culto a las vírgenes negras”), pues ésta representaba la base de su existencia al  identificarse con la madre del linaje perdido, la portadora del Grial.   El propio Priorato, los Templarios, o puede que ambos, desarrollando una estrategia a largo plazo, habrían protegido a los  herederos del Rey de Israel con el objetivo de conseguir la dominación mundial bajo la égida de la dinastía davídica. No hace  falta decir que las circunstancias históricas no permitieron que el objetivo se cumpliera. Tras la caída de Jerusalén y la  pérdida de Tierra Santa el proyecto se fue a pique. Los herederos de David se vieron una vez más sin corona y la existencia  de la Orden del Temple se hizo innecesaria. Algunos tratan de ver en esto una explicación de porque los Templarios no se  resistieron cuando fueron apresados por las tropas de Felipe IV.   Sin posesiones en Ultramar, separados de la Orden de Sión y con los descendientes de los merovingios nuevamente en la  sombra, ya no tenían razón de ser. El Priorato de Sión, que tras la desaparición del Temple se dedicó a manejar los hilos  que rigen Europa desde la clandestinidad en pos de sus objetivos, asegura que pronto se producirá un vuelco en la situación  política francesa que preparará el camino para la restauración de una monarquía.   ¿Se cumplirán los objetivos de Sión y del Temple ocho siglos después? ¿Seremos testigos de cómo un descendiente  merovingio recupera el trono de Francia? El tiempo lo dirá. EL PRIORATO DE SIÓN: ¿TUVO JESUCRISTO  DESCENDENCIA? La pasión y muerte de Cristo constituyen el punto central de la fe cristiana desde los primeros  tiempos de la Iglesia. Pero , ¿y sien vez de morir en la cruz se hubiera casado y tenido hijos? ¿Y si sus descendientes vivieran  en la actualidad?   El descubrimiento de documentos secretos, de un tesoro o -como han sugerido algunos- de reliquias momificada, de Cristo en  la aldea de R e n n e s – l e -Château, en el sudoeste de Francia, transformaron repentinamente en millonario a un pobre  cura rural. Pero eso también puso en marcha una serie de acontecimientos que condujeron al descubrimiento de determinado  secreto; si éste resulta ser cierto, será la revelación más importante de la historia de la Cristiandad. Michael Baigent,  Richard Leigh y Henry Lincoln relatan la historia de las pistas que les llevaron a formular”The holy blood and the Holy  Grail” (La santa sangre y el Santo Grial), publicado en 1982. El libro ha provocado reacciones tanto de entusiasmo como de  rechazo entre los lectores.   Los críticos convencionales -como era de prever- han descartado las afirmaciones de los autores considerándolas una fantasía  absurda, basada en pruebas insustanciales. Pero esos comentarios son tan injustos como falsos. Nadie puede descartar por  las buenas las numerosas pruebas reunidas, que por lo demás son presentadas con suma cautela. Más bien podría afirmarse  que estos autores han subestimado la amplitud y las verdaderas implicaciones del material que han reunido, y que han pasado  por alto muchas cosas. Tras los secretos revelados subyace un misterio aún mayor. Los autores de un libro repleto de  argumentos convincentes,   “The holy blood and the Holy Grail” (1982), creen que no, y presentan una interpretación totalmente nueva. Los autores del  libro presentan pruebas de la existencia de un antiguo misterio de alcance internacional y de una sociedad secreta con  numerosos estratos y cuya influencia ha llegado hasta hoy. El punto de partida de su investigación fue un enorme y enigmático  tesoro escondido; su conclusión final es la asombrosa afirmación de que Jesús se casó con María Magdalena y tuvo hijos.  Los descendientes de esos hijos -creen ellos –se emparentaron con otros reyes y gobernantes de la antigüedad, sobre todo con  los merovingios, la primera dinastía de reyes francos en las Galias, y existen todavía descendientes directos que aguardan un  llamado -o una oportunidad- para asumir un papel decisivo en la política europea y, posiblemente, en la mundial. Eso, por lo  menos, es lo que los autores deducen de los hechos que han descubierto. La vinculación entre la santa sangre y el Santo Grial  que aparece en el título del libro parte de un ingenioso juego de palabras. El Santo Grial es un concepto complejo y  misterioso.  Para algunos autores es una piedra; para otros un depósito de reliquias santas. Pero, con más frecuencia, se trata de la copa  que utilizó Cristo en la Última Cena, copa en la que fue recogida su sangre cuando estaba en la cruz. En muchos de los  primeros manuscritos sobre el Grial se lo llama Sangraal y aún en la versión posterior de Malory aparece como Sangreal.  Baigent, Leigh y Lincoln afirman que alguna de estas formas -Sangraal o Sangreal- estaban más cerca de la original. Y  dividiéndolas en dos palabras, como parece lógico hacer, llegan a la conclusión de que la palabra tal vez originariamente no  fuera “San Graal” o “San Grial”, sino “Sang Raal” o “Sang Réal”. “O –como afirman triunfalmente- empleando la  ortografía moderna, Sang Royal, es decir, sangre real.” O sea que la leyenda sobre el traslado del Santo Grial de Judea a  Europa no se refiere a la leyenda del traslado de un objeto, sino a la verdadera historia de la llegada de los descendientes de  Jesús y María Magdalena, portadores de la sangre real o “sangre réal”.   Se trata, por lo menos, de una hipótesis impresionante. Pero la hipótesis de la existencia de estos descendientes vivientes de  Cristo constituye un eslabón débil en la cadena de argumentación de los autores, una interpretación muy poco convincente de  los hechos. Parece improbable, por ejemplo, que en las docenas de generaciones que se han sucedido desde los tiempos de  Cristo ningún descendiente haya sucumbido a la tentación de anunciar “Soy un descendiente directo de Cristo.” No  encontramos rastros de semejante revelación en los últimos 2.000 años, ni tampoco ninguna prueba sólida de una progenie  real. En cambio, contamos con un montón de pruebas e historias que se refieren tangencialmente a un misterio central y a  detalles concretos, como el Santo Grial , calaveras que hablan y cabezas cortadas, a la sangre como sustancia y como símbolo,  a maravillas alquímicas y a algún tipo de sociedad de ancianos o iniciados.   Pero aunque los autores tengan razón en cuanto a la supervivencia de los descendientes de Cristo, el misterio central es más  amplio y antiguo. La historia de Cristo y los hechos que la rodean constituyen sólo una pieza (aunque una pieza importante,  sin duda) de un mosaico cuya envergadura es mucho mayor de lo que parece.   Monjes Guerreros  Baigent, Leigh y Lincoln afirman que los caballeros templarios figuraron entre los más importantes depositarios del secreto.  Esta sociedad de monjes guerreros se formó alrededor de 1120, para proteger a los peregrinos que iban a Tierra Santa. Con  asombrosa rapidez se transformaron en una poderosa fuerza militar y, además, en los banqueros de Europa. Pero su  influencia se eclipsó bruscamente en la noche del viernes 13 de octubre de 1307, cuando en cumplimiento de una orden de  Felipe IV de Francia todos los templarios de aquel país fueron arrestados. Hubo juicios y castigos, y la orden fue  suprimida, segun se ha descubierto no fue suprimida, sino suspendida, por orden del papa, en 1312, y se ha mantenido en  secreto esta pequeña diferencia pero muy importante.   Los autores han descubierto documentos que indicarían que los templarios constituían el ala militar de una alianza . Richard  Leigh, Henry Lincoln y Michael Baigent ,autores de “The holy blood and the Holy Grail”. En este libro plantean la  sorprendente teoría de que una sociedad secreta-el Priorato de Sión- preserva los intereses de los descendientes directos de  Cristo. Los templarios, una orden muy poderosa de monjes guerreros que floreció entre 1124 y 1307, eran sólo el brazo  militar de una organización todavía más poderosa, el Priorato de Sión, que se ocupaba de los intereses de los descendientes  de Cristo. Dicha alianza, según ellos, fue creada y continúa existiendo con el propósito de proteger y promover los intereses  de los descendientes directos de Cristo.   La lista de dirigentes del Priorato de Sión a través de los tiempos resulta impresionante; incluye a Leonardo da Vinci,  Botticelli, Isaac Newton, Victor Hugo y Claude Debussy, y también a unos cuantos aristócratas franceses aparentemente  poco importantes. Durante los juicios a que fueron sometidos los templarios franceses en 1308, un miembro de la orden  declaró que en su iniciación le fue mostrado un crucifijo y se le dijo: “No deposites mucha fe en esto, porque es demasiado  joven.” A otro se le dijo: “Cristo es un falso profeta”; y a un tercero: “No creas que Jesús, el hombre a quien crucificaron los  judíos en Outremer (Palestina) es Dios, ni que puede salvarte.”   Además de otras acusaciones concretas, los templarios fueron acusados de negar, pisotear y escupir la cruz. Tomando en  cuenta esto quizá sea significativo que en sus decoraciones de la iglesia de Notre-Dame de France, en Londres, realizadas  en1960, Jean Cocteau, quien supuestamente sucedió a Debussy como jefe del Priorato de Sión, se representara a sí mismo  de pie, de espaldas a la cruz. Y lo que es más: al pie de la cruz pintó una gigantesca rosa, símbolo místico cuya antigüedad se  pierde en la noche de los tiempos. Baigent, Leigh y Lincoln admiten que no existe una explicación satisfactoria del rechazo de  la cruz y la crucifixión por parte de los templarios. Pero no reconocen la grave debilidad que significa este rechazo en sus  razonamientos. Si los templarios y sus asociados rechazaban a la cruz y la crucifixión (por cualquier razón), ¿por qué iban a  dedicarse a preservar el secreto de la descendencia física de Jesucristo y a restablecerlos en el poder? Una explicación posible  que los autores plantean luego es que quien murió en la cruz fue un falso Jesucristo, y que el verdadero escapó. Pero ése no  parece ser el tenor de las afirmaciones de los templarios: “Cristo es un falso profeta” y no “ése era un Cristo falso”.   Y ¿cómo interpretar la observación acerca de que el crucifijo es “demasiado joven” para ser objeto de veneración? De hecho,  existen muchas pruebas que demuestran que las preocupaciones de los templarios eran otras, inmemoriales y mucho más  misteriosas.En el mural para la iglesia de Notre-Dame de France, en Londres, Jean Cocteau, supuesto Gran Maestre del  Priorato de Sión de 1918 a 1963, se representó de espaldas a la cruz. Los templarios también fueron acusados, tanto por la  Iglesia como por persistentes rumores populares, de creer que las cabezas barbadas y las calaveras que adoraban en secreto  podían “hacer florecer los árboles y germinar la tierra”.   Esta acusación pude parecer inocua a primera vista, pero, de hecho, vincula firmemente las prácticas y tradiciones templarias  con las antiguas religiones precristianas de la fertilidad, con cosas que no eran ” d e m a s i a d o jóvenes” para tener  verdaderos poderes ocultistas. Existen muchas otras cosas que los autores no consideran, por ejemplo el hecho de que los  templarios gritaban “Selah” y otras palabras “sin sentido” cuando se postraban ante las cabezas. “Selah” aparece  ocasionalmente al final de algunos versos de los Salmos, y los eruditos han sugerido que podía tratarse de una indicación  musical para los directores de coros.   Pero hay otra explicación posible: ¿no sería una corrupción de “Shiloh”?. Shiloh es un antiguo emplazamiento en las  montañas cercanas aJerusalén (los templarios nacieron en Jerusalén), al que los antiguos judíos consideraban lugar  sagrado y cuyo nombre aparece en el Antiguo Testamento para indicar al “Mesías”.   Sin embargo, como la misma Jerusalén y el Sabbath judío, Shiloh era considerado mujer por los judíos, lo cual resulta muy  significativo.   Traicion y Caida  Los caballeros templarios fueron entregados a traición a la Inquisición , y arrestados simultáneamente El viernes 13 de  octubre de 1307.Dada la preocupación medieval por la numerología, quizá eso sea significativo. Y aunque quienes atacaron a  los templarios no tomaran en cuentae sos detalles supersticiosos, quizá alguien organizó la caída de los templarios, pero les  avisó con anticipación, y les permitió destruir la mayor parte de sus archivos y llevar a lugar seguro su enorme tesoro y sus  reliquias sagradas (incluido, quizá, el sudario de Turín y algunas importates reliquias sobre Cristo).   Quizás al Priorato de Sión le interesó en un momento dado reprimir a su brazo militar con tal de evitar males mayores: por  ejemplo, para evitar que el misterio central, el tesoro o sus propósitos a largo plazo resultaran destruidos. El número 13  desempeña un papel significativo en el misterio revelado por Baigent, Leigh y Lincoln. Partiendo del libro de éstos,  consideremos una de las muchas sugerencias que arrojan luz sobre dicho número. Los registros afirman que el Gran  Maestre del Priorato de Sión desde 1637 hasta 1654 fue J. Valentin Andrea. A principios de ese mismo siglo el  movimiento Rosacruz -una misteriosa fraternidad que decía poseer ciertas “verdades espirituales”- había anunciado su  existencia en Europa. Andrea era un rosacruciano practicante, aunque sabía que durante 200 años todas las herejías habían  sido severamente castigadas por la Iglesia.   Andrea organizó en Europa una red de sociedades semi secretas, las Uniones Cristianas, destinadas a preservar algunos  “conocimientos” que la Iglesia ortodoxa consideraba heréticos. Cada una de esas uniones estaba encabezada por un “príncipe”  anónimo, asistido por 12 seguidores. Este número, por supuesto, evoca inmediatamente las bandas de brujas -12 hombres o  mujeres dirigidos por un “familiar” o iniciado- y el grupo formado por Jesús y sus 12 discípulos. Pierre Plantard de Saint-  Clair fue al parecer elegido Gran Maestre del Priorato de Sión el 17 de enero de 1981. También se dice que es un  descendiente directo de Cristo. Un hecho particularmente fascinante que citan los autores está relacionado con Juan XXIII.  El hecho de que Angelo Roncalli tomara ese nombre al ser elegido en 1959 resulta sorprendente, si se considera que un  antipapa del siglo XV también se llamó Juan XXIII.   Después de la muerte del papa moderno, Pier Carpi formuló la hipótesis de que él había sido el “hermano Johannes” cuyas  profecías se habían revelado tan acertadas. También hubo quien sugirió que era miembro de la Rosacruz y del Priorato de  Sión. ¿Acaso adoptó el nombre de Juan porque era el nombre de pila de Jean Cocteau, Gran Maestre de Sión en aquella  época?. La coincidencia parece más significativa si se considera otro hecho: el papa Juan moderno decretó que los católicos  tenían permiso para ser masones, lo cual representó un giro de 180 grados en la política del Vaticano. Los masones dicen ser  descendientes directos de los mismos caballeros templarios, pero también de organizaciones como las Uniones Cristianas.   Además, Juan XXIII proclamó que el hecho más importante de la crucifixión no fue la resurrección, sino el derramamiento  de la sangre de Cristo. Esta extraña proclamación hace pensar en el Santo Grial, el receptáculo que, según se cree, recogió la  sangre que Cristo derramó en la cruz, mientras que para Baigent, Leigh y Lincoln la sangre de Cristo significa la línea  sanguínea, la descendencia de Cristo. Pero de hecho, como veremos, las implicaciones de la sangre son más antiguas y más  amplias de lo que suponen los autores. La mayor parte de los cristianos se sorprenderán al saber, por ejemplo, que la palabra  sabbath, sábado (del acadio shabattu o shapattu), significa originalmente “festival de la diosa de la Luna que menstrua”. Son  estos temas, aparentemente desvinculados entre sí, los que empezaremos a analizar, descubriendo una red de sociedades  secretas y públicas conectadas entre sí.   Las Bodas de Caná: Matrimonio de Cristo  Se casó Jesucristo..? Según Michael Baigent, Richard Leigh, y Henry Lincoln, autores de “The holy blood and the Holy  Grail”, los propios Evangelios lo sugieren. Citan, en particular, el primer milagro importante de Jesús, la transformación  de agua en vino en las bodas de Caná (Juan 2:1-13). Según la conocida historia, Jesús y su madre María fueron invitados  -o”llamados”- a una boda campesina. Por razones que el Evangelio no explica, María pidió a Jesús que repusiera el vino,  cosa que normalmente hubiese correspondido al dueño de casa o a la familia del novio. ¿Por qué iba a hacerlo, a menos que, en  realidad, se tratara de su propia boda?   Hay pruebas más directas que aparecen inmediatamente después de la realización del milagro, cuando “el maestro sale de la  boda llamó al novio y le dijo “Todos sirven primero el vino bueno, y cuando ya están bebidos el inferior, pero tú has guardado  el vino bueno hasta ahora”.”La implicación es clara: la boda es la del mismo Cristo. Si la suposición es correcta, hay que  preguntarse: entonces,¿quién fue la esposa de Cristo? Nuevamente, los autores tienen una respuesta. Las dos candidatas  más obvias, después de leer los Evangelios son María Magdalena y María de Betania. Los autores suponen que esos dos  personajes son en realidad una sola mujer, y que fue la esposa de Cristo. En los Evangelios apócrifos, que fueron  suprimidos a principios de la historia de la Iglesia , se encuentran algunas confirmaciones de esta teoría.   En el Evangelio de María, por ejemplo, Pedro habla a María Magdalena con estas palabras: “Hermana, sabemos que el  Salvador te amaba más que al resto de las mujeres. Dinos las palabras del Salvador que recuerdes, que tú conoces pero  nosotros no.” Después, Pedro se queja a los demás discípulos “¿Verdaderamente hablaba en privado con una mujer y no  abiertamente con nosotros?¿Debemos dar media vuelta y escucharla a ella? ¿La prefería a nosotros?” Más tarde, uno de los  otros discípulos lo consuela: “Seguramente el Salvador la conocía muy bien. Y por eso la amaba más que a nosotros.”El  Evangelio de Felipe es aún más enfático: “Y la compañera del Salvador es María Magdalena. Pero Cristo la amaba más  que a todos los discípulos y solía besarla con frecuencia en la boca. Los demás discípulos se ofendieron por esto y expresaron  su desaprobación.   Le dijeron”¿Por qué la amas más que a todos nosotros?” El Salvador respondió diciéndoles “¿Por qué no os amo como a  ella?””Los autores señalan que, hacia el final de ese Evangelio, hay otro pasaje relevante que, para quienes estén dispuestos  a aceptarlo como prueba, resuelve la cuestión: “Está el Hijo del hombre y está el hijo del Hijo del hombre. El Señor es el  Hijo del hombre y el hijo del Hijo del hombre es el que es creado por medio del Hijo del hombre.” Cristo se encuentra con  María Magdalena después de su resurrección.¿Acaso fue un encuentro entre marido y mujer?.